Alfonso Suberbiola, socio fundador de Itsas Gela – Aula de Mar, repasa 25 años de mar, trabajo y orgullo de oficio
Alfonso Suberbiola nació en Pasaia San Juan, entre el mar y el monte, y de niño fabricaba balsas y chabolas porque no había juguetes. Hoy es uno de los socios fundadores de Itsas Gela – Aula de Mar, que cumple 25 años, y es el padre de Izaskun Suberbiola, actual directora del Barco Museo Ecoactivo MATER y presidenta de la asociación.

Con motivo del 25 aniversario de la asociación, y con la exposición Itsasoaren Oroimena / Memoria de la Mar, en la lonja de Pasaia, como telón de fondo, nos sentamos a charlar con él. Entre recuerdos de infancia, barcos arreglados a base de motosierras y alguna verdad sin adornos, Alfonso nos cuenta cómo empezó todo esto.
¿Qué te motivó a crear Itsas Gela?
Nací en San Juan, donde teníamos el mar y el monte, y el mar era lo más importante. Cuando entraba el barco de mi padre, iba a verlo descargar: era mi mundo. Juguetes no teníamos; hacíamos balsas y chabolas. Un paraíso.
Estudiar me gustó poco, pero la historia de la mar siempre. En el colegio oías hablar de Urdaneta y de los marineros que habíamos tenido aquí, y yo me preguntaba por qué no se conocían más. Con Franco no estaba bien hablar de ellos y, con la democracia, tampoco salían a la luz. A algunos ni se los nombraba por haber servido a la Corona. ¡Qué chorrada! pensaba yo. Somos los mejores, sean de donde sean sirvieran a quien sirvieran. A mí también me habría gustado que Blas de Lezo fuera de San Juan, pero era de San Pedro. ( ríe). Si hemos tenido jugadores de primera división, no vamos a enseñarles uno de tercera.
Por eso nació Itsas Gela: para dar a conocer lo que hemos sido los vascos y las vascas en la mar, conocidos en el mundo entero, por nuestros valores, por nuestra valía, por nuestro saber hacer…., creíamos crucial transmitir estos valores sobre todo a lxs chavales pero también en el propio pueblo, que siguiéramos sintiéndonos orgullosos de nuestras raíces, de nuestra mar, seguir disfrutandola y amándola pero también protegiéndola y cuidandola.
¿Cuál es el momento más emocionante que has vivido asociado a MATER y a Itsas Gela?
El ahora me parece el momento más emocionante. Porque si te cuento lo que hemos pasado… Arreglar el MATER me costó dos motosierras, cuatro espadas y no sé cuántas cadenas. Fue un currelo enorme, pero bonito. Cuanto más te cuesta, más lo valoras, y verlo como está hoy me deja alucinado.
¿Cómo has vivido el desarrollo del proyecto?
Todo comenzo soñando con contruir un velero, que culmino en traernos una goleta, tras muchísimo trabajo, de Turquía. Después apareció MATER: sus propietarios tenían subvención para construir un barco nuevo y el viejo había que desguazarlo o donarlo a una asociación sin ánimo de lucro. Nos quedamos con los dos. Más tarde, una parte de la gente de San Juan que había participado quiso usar el velero para otras cosas, y nosotros nos quedamos con el MATER.

Yo empecé el proyecto con la intención de hacerle un favor a Izaskun, para que tuviera una salida, y resulta que el favor me lo ha hecho a mí. Y lo más bonito es con qué ilusión lo hacéis, y que encima estáis a gusto. Yo he tenido empresas y sé lo que es llegar a final de mes; lo importante es que esto siga.
«Empecé a hacerle un favor a Izaskun, para que tuviera una salida, y resulta que el favor me lo ha hecho a mí.»
¿Crees que en la actualidad se está cumpliendo el propósito inicial? ¿En qué difiere?
Mi idea era dar a conocer nuestra historia y esto se mentiene aunque; de ecología yo no tenía ni idea. Lo que hacéis ahora no es idea mía, pero es buenísimo: los críos de hoy son el futuro, y si ven y saben, cuidar les parecerá lo normal. A los mayores nos cuesta más cambiar, porque estamos hechos a nuestros hábitos; mis nietos ya lo viven desde pequeños. El futuro es de ellos y hacerlos protagonistas es la clave.
Lo que me preocupa es que el esfuerzo y el orgullo de oficio de los que venimos hoy parecen no valer. Aquí somos por donde hemos nacido: con poca tierra, había que salir a una mar que pega. Desde la atalaya de Jaizkibel veían una ballena, pero también la veían los de Hondarribia, y el primero en llegar tenía derecho a arponear. Eso crea carácter. Y si hay que estar a las nueve, se está a las nueve, no a las nueve y cinco.
Gestionar una iniciativa así no tiene que ser fácil. ¿Recuerdas algún momento difícil de verdad?
Muchos. Cuando le conté lo que quería hacer a un responsable institucional, me dijo: «Tú estás loco. ¿Tú eres de algún partido político? Pues como estés solo, lo tienes complicado. Esto es precioso, pero…». Y yo le contesté: mira, estoy metido, y en lo que me he metido tengo que salir para adelante. No sé cómo saldrá, pero no voy a parar. Había pasado tres meses en Turquía con los compañeros y nada me había dejado tirado; esto tampoco podía dejarlo.
Y va a seguir siendo difícil. Según la religión, si te pegan, pones la otra mejilla; aquí tienes que tener catorce caras, por los palos que te van a dar por todos lados.
Gracias, Alfonso.
Por contarnos de dónde viene todo esto, por el trabajo que hay detrás de MATER y por la ilusión con la que, veinticinco años después, sigues mirando este proyecto. Gracias también a todas las personas que han pasado por Itsas Gela a lo largo de su trayectoria: quienes arrimaron el hombro en los comienzos, quienes pusieron su tiempo, sus manos y sus ideas cuando todo costaba más, y quienes siguen hoy a bordo.
El mar sigue ahí, y también las ganas de que lxs chavales de hoy lo conozcan y lo cuiden. Lo que Alfonso quiso dar a conocer lo seguiremos contando, y lo que viene lo escribirán quienes ahora lo aprenden desde pequeñxs. Nos queda camino por delante, y como bien dice él, a disfrutarlo. Por otros veinticinco años de mar.
