De la mochila a la merienda: guía práctica para cuidar el planeta desde casa
Septiembre llega con esa mezcla de nervios y ganas de estrenar curso: mochilas nuevas, horarios que cuadrar, meriendas que preparar. Es un momento perfecto para poner rumbo hacia una forma más consciente de hacer las cosas, porque los hábitos que construimos en casa en estas semanas son los que van a acompañar a nuestros hijos e hijas durante los próximos meses.
No hace falta reinventarlo todo de golpe. Aquí van algunas ideas para que este inicio de curso navegue en una dirección más sostenible, sin agobios e implicando a toda la familia.

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Material escolar: lo que ya tenemos es tesoro
Antes de salir de compras, merece la pena hacer inventario en casa, con los peques delante: sacar el estuche, contar cuántos lápices quedan, comprobar si las tijeras aún cortan. Esa revisión de diez minutos suele ahorrar más de una compra impulsiva. Cuando haga falta reponer o comprar algo nuevo, algunas pistas concretas:
- Bolígrafos y rotuladores recargables en lugar de los de usar y tirar; existen recambios para casi todas las marcas habituales, y a la larga salen más baratos.
- Forros reutilizables una funda de tela o un forro de plástico rígido reutilizable dura varios cursos si se cuida al quitar y poner cada año, frente al forro adhesivo que se tira cada septiembre.
- Libros de segunda mano muchos centros tienen banco de libros o grupos de intercambio entre familias (a menudo por WhatsApp o en la web del AMPA); si el vuestro no lo tiene, proponerlo es tan sencillo como abrir un grupo de curso.
- Mochilas y estuches heredados revisad cremalleras y costuras antes de descartarlos — una reparación de bajo coste en una mercería o zapatería suele alargarlos uno o dos cursos más.

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La merienda o almuerzo que no genera residuo
El bocadillo de toda la vida, envuelto en papel de aluminio reutilizable o en una bolsa de tela, sigue siendo la opción más sencilla y sostenible. Algunas ideas para que la hora del recreo deje la huella más pequeña posible:
- Bolsas de tela encerada o de silicona reutilizable para el bocadillo, que se lavan igual de fácil que una fiambrera y ocupan menos espacio en la mochila.
- Fruta de temporada y de proximidad, comprada en el mercado o en la frutería del barrio: en septiembre, higos, ciruelas, melón o las primeras manzanas de la zona son buena opción, sin necesidad de fruta que ha viajado miles de kilómetros.
- Botella de agua reutilizable con el nombre marcado, para evitar tanto los briks individuales como que se pierda entre las de otros niños y niñas.
- Fiambreras de compartimentos en lugar de varios envoltorios sueltos: un solo tupper con bocadillo, fruta cortada y algún fruto seco sustituye a tres o cuatro plásticos individuales.
- Preparar la merienda de varios días de golpe, ahorrando tiempo y generando recuerdos. Tomarse la tarde del domingo para cocinar casera, con alimentos locales y ecológicos: Galletas, bizcochos, muesli, yogur…
Si algún día no hay tiempo y toca comprar algo envasado, elegid formato grande para repartir en casa en lugar de varios paquetes pequeños: el envase individual siempre genera más residuo por gramo de alimento.

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El trayecto al cole también cuenta
Cómo llegamos cada día al cole forma parte de la ecuación. Cuando la distancia y la seguridad lo permiten, ir andando, en bici o en patinete no sólo reduce emisiones: también es un ratito de conexión con el entorno y con nuestros hijos e hijas antes de que empiece el día. Otras opciones a tener en cuenta:
- El «camino escolar»: muchos municipios tienen ya un itinerario señalizado y grupos de familias que se turnan por semanas para acompañar a pie a varios niños y niñas a la vez; preguntad en el AMPA o el ayuntamiento si existe uno cerca de casa, y si no existe, dos o tres familias vecinas ya son suficiente para empezar uno informal.
- Transporte público o coche compartido: si varias familias del barrio tenéis txikisen el mismo centro, organizar turnos semanales de coche compartido reduce a la mitad (o más) los trayectos motorizados de cada una.
- “Aparca y anda»: cuando el trayecto completo en bici o a pie no sea viable por distancia u horarios, dejar el coche a diez o quince minutos del cole y hacer el último tramo caminando suma sin apenas notarse en el reloj.
- Revisar el horario real del trayecto: muchas veces calculamos «en coche son cinco minutos» sin contar el tiempo de aparcar o el atasco de la puerta del cole; a pie o en bici, la diferencia real suele ser menor de lo que pensamos.
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Consumo consciente, también en la ropa y los regalos
La ropa de cole es otro punto donde se puede aligerar el impacto, sobre todo porque lxs peques crecen deprisa y las prendas apenas se desgastan:
- Hacer inventario de armario antes de comprar, igual que con el material escolar: muchas veces una prenda del año pasado todavía sirve, solo hay que localizarla.
- Priorizar prendas de calidad (costuras reforzadas, tejidos que aguantan lavados frecuentes) en las piezas de más uso, como pantalones o calzado, aunque cuesten algo más al principio: duran más de un curso y se pueden pasar a otro hermano o hermana.
- Intercambio entre familias o grupos del barrio: una ropa de bebé o de primaria en buen estado que ya no está en uso puede resolverle el curso a otra familia; muchos pueblos tienen ya mercadillos o grupos de intercambio para esto.
- Etiquetar con el nombre las prendas más propensas a perderse (chaquetas, gorros, bufandas) reduce las compras de reposición por pérdida, que son de las más frecuentes y evitables.
Y si llega algún cumpleaños o celebración durante el curso tenlo claro: los regalos con menos envoltorio y atrévete a ser original, regala experiencia: una entrada, un taller, un plan, una navegación.

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Hábitos que se quedan a bordo todo el año
Los consejos dados hasta ahora son claves para el comienzo de curso, aunque lo ideal es que dejen poso y se instalen en casa y se conviertan en hábitos diarios para toda la familia.
Explicar el «para qué», no solo el «qué»: no es lo mismo decir «no vamos a comprar eso» que contar por qué un envase de un solo uso tarda siglos en desaparecer o a dónde va la basura que no se recicla bien. Lxs peques entienden y sostienen mucho mejor el hábito cuando conocen la razón.
- Adaptar la explicación a la edad: con lxs más txikis (0-6 años) funciona mejor lo sensorial y el juego —clasificar residuos por colores, tocar y oler la fruta de temporada—; con primaria (6-12), las preguntas y pequeños retos («¿cuántos días seguidos podemos ir sin generar un solo plástico en la merienda?»); con secundaria (12-15), los datos reales y la conversación de igual a igual suelen calar más que la norma impuesta.
- Involucrarles en las decisiones: que ellxs mismxs elijan qué fiambrera utilizar, cómo forrar sus libros o qué ruta seguir de camino al cole les hace protagonistas del cambio, no solo espectadores, y ese hábito se sostiene mejor en el tiempo.
- Dar continuidad los fines de semana: aprovechar cualquier salida familiar —al parque, a la playa, al monte— para seguir la conversación empezada en septiembre, observando de primera mano el impacto de nuestros hábitos en el entorno.
- Revisar el progreso en familia cada cierto tiempo: un simple check mensual («¿qué tal llevamos lo de las fiambreras? ¿probamos algo nuevo en octubre?») ayuda a que el cambio no se quede solo en la primera semana de curso.
Ningún cambio es demasiado pequeño. Cada mochila con material reutilizado, cada bocadillo sin plástico y cada trayecto a pie es una gota que, sumada a las de otras familias, acaba marcando la diferencia. Como decimos siempre desde MATER: el mar —y el planeta— no lo cuida un barco solo, lo cuidamos entre toda la tripulación.
Seguir aprendiendo, esta vez a bordo
Todos estos hábitos tienen algo en común: cobran mucho más sentido cuando se ven con las manos y no solo se explican con palabras. Por eso, si queréis dar un paso más este curso, os proponemos subir a bordo de MATER. En nuestra visita ecoactiva en Pasaia, niños y niñas —y familias enteras— descubren de primera mano de dónde vienen los residuos que llegan al mar, cómo viaja un microplástico y por qué cada gesto cotidiano, como los que hemos contado aquí, termina teniendo eco en el agua. También organizamos talleres y actividades para grupos y centros escolares durante todo el año, pensadas para llevar esta lógica del cuidado al aula y darle continuidad más allá de septiembre.
¿Os apetece que este curso sea también el año en que la familia se hace un poco más tripulación? Consultad nuestra agenda de actividades o escribidnos a través de info@mater.eus y os ayudamos a encontrar la experiencia que mejor os encaje.
Os esperamos en Pasaia, para descubrir en comunidad cómo nuestras acciones del día a día llegan hasta el mar.











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